Cuando las nóminas de empleo no agrícola de Estados Unidos mostraron un
incremento inferior al esperado el viernes pasado, las expectativas de una mayor
flexibilización cuantitativa aumentaron y el dólar cayó.
Una explicación para la baja de la moneda estadounidense es que los
rendimientos de los títulos del Tesoro estaban disminuyendo.
Pero, dado que los rendimientos en la mayoría de los otros mercados de deuda
también caían y que los rendimientos de la nota a 10 años del Tesoro de EE.UU.,
en 1,65%, siguen muy por sobre el reciente mínimo de julio de 1,4%, el argumento
de los rendimientos no parece muy sólido.
Entonces, ¿por qué el dólar está sufriendo?
Puede ser porque la llamada QE3 simplemente no es la solución para reactivar
la economía estadounidense.
Como implica su acrónimo, este sería el tercer intento de la Reserva Federal
de inyectar liquidez a los mercados financieros estadounidenses en los últimos
tres años y todavía no logra promover la recuperación que busca el titular de la
Fed, Ben Bernanke.
Incluso su más reciente intento de estímulo, la llamada "operación Twist",
que consiste en vender activos de corto plazo y comprar otros de mayor
vencimiento para aplanar la curva de rendimientos, ha sido en gran medida poco
exitoso.
Tal como Bernanke dijo en su discurso en Jackson Hole hace dos semanas, la
economía no está acelerándose y la tasa de desempleo se mantiene obstinadamente
alta.
En otras palabras, lo que una vez se consideraban medidas de política no
convencionales no están logrando resultados.
Esta es una situación similar a la del Banco Central Europeo a inicios de
este año cuando buscaba reiteradamente soluciones a los problemas de deuda de la
eurozona.
La entidad optó por una política no convencional y algo controvertida de
introducir una operación de refinanciamiento a largo plazo. Pero también
descubrió que esta forma de flexibilización monetaria no lograba tener el efecto
necesario sobre la economía real.
Tras semanas de debate y fuertes objeciones del Bundesbank alemán, el BCE
implementó la semana pasada una nueva y radical forma de compra ilimitada de
bonos, conocida como Transacciones Monetarias Directas.
Los detalles del programa siguen siendo poco claros y su capacidad de evitar
otra crisis de deuda del euro no es segura.
Sin embargo, la decisión del BCE ha sido suficiente para inyectar un cierto
nivel de confianza a los mercados financieros y ha ayudado a hacer caer
precipitadamente los rendimientos de los bonos de los principales países
deudores de la zona euro.
A medida que se aproxima la reunión del Comité de Mercados Abiertos de la Fed
el miércoles y jueves, los mercados financieros mundiales podrían considerar
decepcionante sólo otra dosis de QE.
Por supuesto, en este punto los mercados tienen poca idea de si la Fed
aumentará la cantidad, o la duración, o si cambiará la clase de activos a
comprar en cualquier nuevo ejercicio de QE.
Pero la evidencia de que ejercicios pasados han ayudado a los mercados
laborales es altamente debatible.
Con las recientes cifras económicas de China que mostraron un
decepcionantemente débil crecimiento de la demanda interna, y de Japón que
revelaron que el crecimiento del segundo trimestre fue revisado a la baja a sólo
0,7%, de 1,4%, la Fed podría encontrarse a sí misma bajo una mayor presión para
asegurar que otorga el estímulo apropiado y efectivo.
Si ese es el caso, entonces sería aconsejable para la Fed sacar una página
del libro del BCE e intentar algo más innovador que en el pasado.
Y en vez de caer por las especulaciones de sólo más QE, el dólar podría tener
una mejor posibilidad de encontrar soporte a medida que aumentan las esperanzas
de una economía más sólida en EE.UU.
septiembre 11, 2012
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