septiembre 30, 2011

EL BANCO CENTRAL EUROPEO

Contar con que el Banco Central Europeo recortará las tasas de interés no es una buena idea.
De hecho, hacerlo podría resultar una imprudencia.

Si alguna vez ha habido un momento en su historia en el que el banco central querrá preservar su credibilidad, es éste.

Funcionarios del banco ya están bajo una presión política extrema para salir al rescate de la zona euro respaldando el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, la principal institución que esperan los ayude a evitar un contagio en caso de una cesación de pagos de deuda soberana.

No obstante, la participación del banco empañará aún más la conducción de la política fiscal y monetaria dentro de la zona euro y comprometerá el mandato del BCE, el cual es principalmente la estabilidad de precios.

En la prensa alemana ya existen informes sobre intentos de impugnar al presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, por la incursión anterior del banco en el dominio fiscal con su programa de compra de bonos que ha ayudado a impulsar a los mercados de deuda de Italia y España, en particular, durante los últimos meses.
Esas compras han sido fundamentales para mantener los costos de financiamiento bajos y evitar que esos países caigan en la cesación de pagos.

Ahora, los mercados financieros parecen estar descontando más medidas del BCE en la forma de recortes de tasas durante su reunión de política de la semana próxima.
Ciertamente, los comentarios sobre los riesgos bajistas para la economía de la zona euro realizados por funcionarios del BCE, incluido Trichet, han ayudado a alentar los rumores de un expansionismo monetario.

No obstante, gran parte de esos rumores parecen ser prematuros.

Primero que todo, el propio BCE ha dejado en claro en repetidas ocasiones que las provisiones de liquidez para ayudar con la crisis de la deuda, incluido un respaldo adicional previsto para los bancos de la zona euro, es un tema separado de la política sobre las tasas de interés, que aún es dictada por los acontecimientos económicos.

En segundo lugar, pese a todas las dudas sobre el crecimiento de la zona euro durante los últimos meses, hay algunos miembros del directorio del BCE que siguen convencidos de que la desaceleración ya está llegando a su fin.
Por ejemplo, el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, quien prevé un robusto crecimiento de Alemania en el tercer trimestre pese a la desaceleración anterior.

O el finlandés Erkki Liikanen, quien advierte que se deben fijar políticas para reducir la inflación en 2012. En otras palabras, el banco central necesita mantener la postura restrictiva de siempre. Por supuesto, aún existen muchas razones para argumentar lo contrario.

Nuevos datos sobre la base monetaria publicados el martes mostraron, por ejemplo, que aunque los bancos de la zona euro se estén endeudando a montones con el BCE para mantenerse a flote, la tasa de crecimiento de los préstamos al sector privado se ha mantenido prácticamente sin cambios, una tendencia que no es una buena señal para el futuro.

Sin embargo, dentro de los sagrados corredores del BCE, la credibilidad sigue siendo el nombre del juego más que cualquier otra cosa.
El banco se resistirá a revertir el incremento de 25 puntos base en las tasas que introdujo en abril y julio y que ha tenido que defender desde entonces.

Comenzar ahora a reducir las tasas no solo empañaría su credibilidad sobre la postura restrictiva, sino que haría que el BCE pareciera incluso más dependiente de los políticos mientras luchan para evitar que el euro colapse.

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