Rupert Murdoch comparece el martes ante el Parlamento británico por un escándalo de escuchas ilegales que ha sacudido a News Corp. Esto supone el culmen de una relación de amor-odio de 40 años entre el responsable de News Corp y la clase política británica.
Están en juego la reputación de un imperio mundial, con 51.000 empleados y unos ingresos anuales de US$32.000 millones, y el apoyo que la familia Murdoch, en especial Rupert y su hijo James, encontrarán entre los inversionistas.
El escándalo público y político que ha afectado al imperio se extendió como la pólvora a principios de este mes al trascender que, en 2002, el semanal de News Corp News of the World --que ha sido cerrado-- había intervenido ilegalmente el buzón de voz del teléfono de una adolescente que había sido asesinada.
Pero mucho antes, la actitud de los políticos y la opinión pública de Reino Unido hacia Murdoch había oscilado entre la admiración al odio. El directivo, nacido en Australia y con nacionalidad estadounidense, es un personaje público reconocido en Reino Unido, mientras que otros dueños de diarios son desconocidos para el público general.
En Reino Unido, Murdoch no ha pedido perdón por la estrecha relación de sus medios con la política, una unión que despertó la ira de gran parte de la opinión pública a medida que el imperio iba creciendo.
A día de hoy, News Corp controla en torno al 40% de las ventas de diarios en papel y, a través de su participación en el nuevo canal de British Sky Broadcasting PLC, el 6% de la audiencia televisiva.
Para sus partidarios, Murdoch introdujo alternativas televisivas con su negocio de satélite de BSkyB y se enfrentó a los sindicatos del negocio de papel que habían convertido los diarios en no rentables.
"Es la solución para todas las enfermedades de la prensa", afirma William Shawcross, autor de la biografía del magnate.
En cuanto a BSkyB y los diarios, Murdoch "tiene un enorme poder sobre el sistema político británico, y nunca debimos permitirlo", señala Chris Bryant, un legislador laborista. "Los periódicos (de Murdoch) se usaron para intimidar a líderes políticos y políticos en general", dijo.
Murdoch ha dedicado parte de su tiempo a intentar cortejar e influir a los políticos, tarea que muchos dueños de diarios encomiendan a sus periodistas. Alastair Campbell, ex director de Comunicación de Tony Blair, dijo que Murdoch pedía una reunión con el antiguo primer ministro tres o cuatro veces al año, mientras que otros directivos nunca o rara vez lo han hecho. "Él es más político", según Campbell.
Los diarios de Murdoch reflejan su tendencia política con llamativos gestos y titulares, apoyando o criticando a líderes políticos en sus llamativas portadas.
Algunos miembros del Parlamento han sido acusados de estar demasiado cerca de News Corp, mientras que de otros se ha dicho que le guardaban rencor. La composición del comité del martes ilustra las relaciones --de amor-odio-- que Murdoch y News Corp han mantenido con la clase política británica.
John Whittingdale, presidente del comité, ha reconocido su amistad con Les Hinton, presidente ejecutivo de Dow Jones & Co, que dimitió el viernes, y ha salido a cenar con Brooks y otros altos cargos de News Corp. Su colega de comité, la conservadora Louise Mensch, frecuentó a ejecutivos de News Corp y otros directivos en una fiesta organizada por la compañía el año pasado en una conferencia del Partido Conservador.
Otro integrante del comité, el laborista Tom Watson, ha sido blanco de la ira de News Corp. En 2009, el diario The Sun publicó un editorial pidiendo al entonces primer ministro Gordon Brown que despidiera al "venenoso" Watson, cuyo puesto en el Gobierno de Brown era "una mácula en el juicio del primer ministro" y en su credibilidad.
En el reciente escándalo, se ha calificado a un lenguaraz Watson de 'torturador jefe'.
La repercusión de la audiencia podría ser extensa. Incluso antes de que se destapara el escándalo hace unas semanas, Murdoch había estado estudiando delegar el puesto de presidente ejecutivo en el actual director operativo de la compañía Chase Carey, de acuerdo con fuentes conocedoras de la situación. En este caso, Murdoch se mantendría como presidente del grupo. Ese cambio, que se ha planteado durante más de un año, según una fuente, podría tener un escaso impacto en este momento, aunque tendría una repercusión simbólica enorme.
Incluso si Murdoch decide hacer este cambio, no sería ahora, dijo la fuente.
Probablemente, la gran pregunta sea qué va a pasar con el hijo de Murdoch, James.
Los cuatro hijos mayores del magnate --Prudence, Elisabeth, James y Lachlan -- controlarán la participación del 40% que posee su padre --de 80 años-- en la compañía a su muerte. Serán ellos los encargados de decidir quién gestiona la compañía: uno de los hermanos o alguien ajeno a ella.
julio 19, 2011
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